Menos es más: el estilo minimalista

Sencillez, sobriedad. Estos calificativos son los que definen el estilo minimalista. Sencillez de líneas, formas y colores marcan esta paradoja en este estilo de decoración:

¿Cómo es posible que con menos, consigamos más?

El minimalismo nace a fines de los años 60 en New York, pero sus orígenes están anclados en Europa de la mano del arquitecto Ludwing Mies Van Der Rohe. Éste, elaboraba sus ideas acerca de la pureza de las formas.

El estilo decorativo minimalista se caracteriza por la simplicidad y sencillez en las líneas y en las formas, potenciado por lo poco llamativo de los colores, donde la ornamentación es únicamente la imprescindible, huyendo de todo lo que esté de más. Se buscan amplios espacios, despejados, que inviten a la tranquilidad y a la meditación.

Los precursores de este estilo son los arquitectos superiores, que  empiezan a plantear propuestas para el interior de sus diseños arquitectónicos y sus propuestas son siempre muy limpias de formas y austeras en elementos decorativos, ya que el arquitecto no desea que los elementos del interior compitan en protagonismo con los elementos estructurales.

El minimalismo se caracteriza por la extrema simplicidad de sus formas, líneas puras, espacios despejados y colores neutros, esto hace un ambiente equilibrado y armónico. Todo elemento irrelevante o innecesario se evita, pues distraería y rompería con la armonía del conjunto, rebosante de ese vacío que lo caracteriza. Cada elemento de más es una nota discordante, por lo que decorar bajo este estilo puede ser difícil, a la vez que apasionante, ya que hay que saber dotar a cada espacio de “su vacío” y “su objeto”, si los necesitase.

Ya en la década del 70, el minimalismo alcanza su madurez como una forma de reacción a los estilos recargados de la época (principalmente el pop art) y la saturación comunicacional dentro del universo estético. Esto influenció no sólo en la decoración y la arquitectura, sino también en la pintura, la moda y la música.

Los muebles se colocan pegados a la pared o en medio, aumentando, de esta forma, la sensación de espacio. Muebles sencillos, funcionales, básicos, generalmente de un sólo color, que refuercen la idea de sobriedad. Se consigue, así, dotar a todo el espacio de una unidad en equilibrio.

Los colores, puros, ayudan en un conjunto que sólo busca la serenidad. Blancos, marrones y negros describen estos espacios y juegan con los volúmenes, siempre simples, de tendencias geométricas. El minimalismo, un estilo es innovador y elegante en sus formas y acabados que transmite quietud.

Se suelen emplear materiales naturales como alambre, vidrio, cemento alisado, piedra y madera, por ejemplo. En ocasiones, se añaden notas de color que, sin romper la estética característica, dan un toque personal a la estancia.

Sin duda, un estilo perfecto para los reportajes fotográficos, pero quizás….. poco vivibles.

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